Shail in love...: Capítulo 3
Capítulo 3: En busca de una vida.
Sacudí la cabeza quitándome esos pensamientos de la cabeza. Me levanté del sillón dejando la tele encendida, y fui hacia la habitación de Jack. Me senté en la cama y observé todo a mi alrededor. Tenía varias estanterías con libros y cómics, una mesa donde había una lámpara y un cuadro. Me acerqué un poco más a contemplarlo. Pude observar cómo un chico moreno de ojos marrones estaba abrazado a una chica de pelo castaño y ojos azules. Supuse que el chico sería Jack, pero la chica no tenía ni idea de quién se trataba. Seguí curioseando por la habitación, cuando oí que alguien llamaba al timbre. Salí de allí y me dirigí a las escaleras para bajar. Alsan ya había ido a abrir, y pude oír la voz dulce de una chica. Seguí bajando las escaleras, y me encontré con unos ojos celestes preciosos. Su mirada era clarísima como el mar que tanto me gustaba contemplar, y su sonrisa era la más pura que había visto en mi vida. Su pelo, castaño rizado, me recordó bastante a la chica del cuadro que tenía Jack en su habitación. Oí la conversación que tenían. Por lo que parecía, Alsan no se había dado cuenta de que yo ya estaba allí.
Isabella POV
Fui a casa de mi primo a limpiarla como todas las semanas. Me sorprendí al ver que la maleza de la entrada ya no estaba. Llamé a la puerta. No sabía por qué, pero intuía que había gente dentro. Al poco rato, un hombre moreno abrió la puerta.
- ¡Hola! Perdone, pero, esta es la casa de mi primo, vengo siempre a arreglarla y nunca le he visto por aquí... ¿Quién es?
- Me llamo Alexander, un placer. Soy amigo de Jack, y me ha cedido la casa a mí y a un amigo para unos cuantos días, quizá semanas o meses...
- ¿Conoce a Jack? ¿Sabe si está bien?
Antes de oír su respuesta, un hombre de pelo negro bajaba las escaleras. Sus ojos celestes se fijaron en los míos, y me perdí en ellos como si de un mar se tratase. Se quedó parado en medio de la escalera, y Alexander siguió hablando. Yo no le escuché. Seguramente, ese hombre también sería amigo de Jack. Cuando por fin terminó de bajar las escaleras, se colocó tras Alexander y me dijo:
- Hola señorita, ¿la puedo ayudar en algo?
- Soy Isabella, la prima de Jack. ¿Y usted es...?
- Perdone mis modales, señorita Isabella. Mi nombre es Shail.
Y tomó mi mano para besarla.
- Encantada de conocerle. Le comentaba a su amigo que vengo todas las semanas a limpiar la casa de mi primo, y nunca los había visto por aquí...
En una fracción de segundo que pude apartar mi vista de Shail, vi como Alexander le dirigía una mirada a Shail. Él le miró también, y después, volviendo su mirada hacia la mía, me contestó a una pregunta que jamás formulé:
- Como ya le habrá dicho mi amigo, somos amigos de Jack y le pedimos que nos dejara su casa durante al menos un mes. Es que yo necesitaba unas vacaciones, y mi amigo también, ¿verdad, Als... Alexander?
- Sí, ya estaba harto de tanto ajetreo.
Los miré impresionada. Eran totalmente diferentes. Alsan era un hombre más bien pasota pero no tanto. Su pelo estaba bien peinado, como cualquier chico pijo de los que yo conocía; y a pesar de todo simpático. Parecía más de este siglo que su compañero. Shail, sin embargo, tenía pinta de ser romántico, amable, generoso, simpático y muy caballeroso; aunque su pelo lo llevara más bien un poco revuelto. Pero lo que más me sorprendió, fueron sus ojos: me trasmitían una claridad que ninguno antes me había trasmitido. Seguí mi recorrido, y pude contemplar una tierna sonrisa que hizo que mis piernas temblaran. No sabía que me pasaba con ese hombre, pero de lo que estaba totalmente segura, era de que no era admiración. Miré hacia otro lado, apartando de mi mente posibles pensamientos extraños. Él volvió a hablar dirigiéndose a mí:
- Señorita Isabella, pase. No queremos dejarla ahí fuera, no somos tan maleducados. Así también le podemos hablar un poco más de su primo.
Al mencionar esas dos últimas palabras, decidí entrar, aunque en el fondo no estuviera del todo segura de lo que aquellos hombres querían de mí. El terror vino a mí.
Shail POV
Observé como Isabella entraba en la casa de su primo, en la que nosotros nos hallábamos viviendo en esos momentos. Su forma de andar me cautivó, de tal modo, que tuve que menear la cabeza más de una vez para quitarme esa idea de la cabeza. Parecía una diosa que se había perdido en la Tierra, y que sus ojos eran placeres prohibidos que si cautivaban a un hombre, lo llevarían a la perdición. Pero, ¿en qué estaba pensando? - pensé. De nuevo, meneé la cabeza, quitándome aquel pensamiento que rondaba en mi mente. La invité a que se sentara en el sofá, quedándome yo de pie. Como Alsan se sentó en el sillón, yo no tuve más remedio que sentarme al lado de Isabella. Isabella. No me había parado a pensar en el hermoso nombre que tenía, que encajaba con toda su belleza. La miré a los ojos durante largo rato, sin saber qué decir o qué hacer. Menos mal que allí estaba Alsan.
- Isabella, Jack está vivo, por si no lo sabía. Me temo que no podemos decirte su paradero, pero pronto, si nos demuestras que podemos confiar en ti, lo haremos.
Ella no contestó. Parecía tan inmersa como yo en contemplar mi mirada. Alsan carraspeó, despertándonos de un precioso sueño que habíamos tenido a la vez.
- Perdone, Alexander. Le entiendo perfectamente, no pueden confiar en mí así porque sí.
Yo todavía seguía mirándola, mientras que Alsan hablaba con ella preguntándole cosas sobre Jack. Me levanté del sofá y me dirigí hacia las escaleras. Me giré hacia la puerta y me fui al jardín. “¿Qué me está pasando?” - pensé. Creí que lo de Zaisei me había afectado bastante como para no volver a sentir nada por nadie más, pero Isabella tenía algo que me llamaba mucho la atención. Quizá fueran sus ojos azules, o quizá su sonrisa que rara vez se asomaba a su rostro. No me quería volver a enamorar, y menos de una chica que decía ser la prima de Jack, a la que apenas conocía. Mientras pensaba todas estas cosas, iba caminando por el espeso bosquecillo lleno de árboles altos y matorrales de hojas verdes que se hallaba cerca de la casa de Jack. Me senté en la primera gran piedra que pude vislumbrar. Enterré mi cabeza entre mis piernas, mientras con mis manos la cubría enteramente. De nuevo, como una vez hiciera al despedirme de Zaisei, me eché a llorar. “Me estoy volviendo un llorón sin remedio” - me dije, burlándome de mí mismo. Oí pasos que se acercaban. Esperé con todas mis ganas que fuera Alsan para decirme que la chica ya se había ido. Los pasos dejaron de oírse, para reemplazar ese sonido el de una melodiosa voz.
- Shail.
Levanté la cabeza despacio, reconociendo esa voz. Isabella me miró desde arriba, seria.
- Señorita Isabella, ¿qué hace aquí?
Me sentí un poco ridículo llamándola así, pero desde que la vi, me entraron esas repentinas ganas de hacerlo.
- ¿Le gustaría que le llamaran señor Shail?
Esa pregunta me pilló un poco desprevenido.
- No, pero yo la llamo así porque la respeto aún sin conocerla. Pero dígame, todavía no me contestó a la pregunta.
- Shail... me quedé un poco extrañada por su actitud en la casa de Jack. Dejé a Alexander allí para venir a buscarle... ¿Me puede hacer un favor?
- Sí.
- ¿Puedes tutearme?
Me lo pensé un rato, sin pensar realmente.
- Lo intentaré, Isabella.
- ¿Qué te pasa? Desde mi llegada has estado muy raro. Parece que te agrado, pero a veces me demuestras todo lo contrario. No sé qué pensar...
¿Por qué se preocupaba tanto por mí? Sólo nos conocíamos de hacía unas horas, y tampoco ella me conocía tanto como yo a ella.
- Isabella, tú en verdad no me conoces mucho, ¿verdad? - sabía que sobraba esa pregunta, pero tenía que asegurarme. Ella negó con la cabeza – Yo... verás, mi amigo y yo...
- No me digas que sois gays...
Ella se asustó de sus propias palabras.
- ¿Perdona?
- Nada, déjalo. Pero, ¿te pasa algo conmigo? Es que pareciera que estás enfadado conmigo – bajó la cabeza.
- No, no lo estoy. No podría estarlo con alguien como tú, y menos siendo prima de Jack.
Ella no se inmutó , sólo siguió mirándome a los ojos, como intentando descubrir si era verdad lo que yo le decía.
Isabella POV
Había ido allí después de hablar con Alsan, porque había visto un poco mal a Shail. Incluso habría jurado que estaba enfadado conmigo, pero él me dio a entender que no era así.
- Entonces, ¿qué es lo que te pasa? No lo entiendo... - le dije, esperando una respuesta.
Vi cómo se ponía nervioso al intentar hablar.
- Yo... no puedo decírtelo. Todavía no estoy muy seguro de nada...
Y diciendo esto bajó la cabeza. Me acerqué a él, y le acaricié la mejilla. Eso provocó que un estremecimiento recorriera todo mi cuerpo. Aparté mi mano con brusquedad de su rostro. No sabía si irme o si quedarme allí a hacerle compañía. Opté por lo primero para pensar un poco. Me alejé de Shail con paso firme y a la vez vacilante.
- Isabella, ¿qué pasó con Shail? - me preguntó Alexander, una vez hube llegado a la puerta de la casa.
Seguí con la cabeza agachada.
- No lo sé, no me lo quiso decir... Supongo que no le inspiro la bastante confianza como para que me cuente sus cosas. Deberías haber ido tú a ver qué le ocurría. Lo único que sé, es que no va conmigo...
- ¿Y crees que a mí sí me lo hubiera contado?
- Sí, eres su amigo, ¿no?
- En verdad, te equivocas. La última vez que hablamos que fui su confidente, se enfadó conmigo por haberme tomado cierta libertad... Por eso creo que no podría haberle sacado nada y te mandé a ti. Pero veo que tú tampoco has podido hacer nada...
Me sentía fatal. Aunque le había dicho a Alexander que no estaba enfadado conmigo, y que la cosa no iba para nada conmigo, en el interior tenía la certeza de que algo sí pasaba, y no es que fuera precisamente que no me incumbiera...
Shail POV
Levanté la cabeza para mirarle a la cara y decirle el motivo de que yo estuviera así, pero ya no estaba. Me quedé mirando a la nada durante unos segundos más, como si fuera a llegar algún dios de Idhún para protegerme, cosa que era totalmente imposible. Me levanté y fui a la parte delantera de la casa. Allí vi cómo Isabella y Alsan se abrazaban, los dos muy acurrucados. Mi corazón se rompió en dos, por segunda vez. Alsan y ella se separaron y siguieron con una conversación que parecía empezada con anterioridad, pero no logré oír qué decían. Fui a la parte trasera. Por suerte, allí había una puerta por la que podría acceder a la casa sin que ninguno de los dos me viese. Mi mundo se venía abajo con cada segundo que pasaba. Ojalá nunca se me hubiera ocurrido venir a la Tierra...
Pasaron las semanas, y yo conseguí un trabajo con el que ocupar mi mente. No era gran cosa, pero al menos conseguía dinero suficiente como para mantenerme con vida y la suficiente dignidad. Alsan, por el contrario, se quedaba en casa entrenando con la espada, y cuando no, se encontraba hablando con Isabella. Definitivamente, había perdido ya todas las esperanzas de estar con ella...
Como cada día, llegué a casa y subí directamente las escaleras. Fui hacia mi habitación, que era la de Jack, y me tumbé en la cama, pensativo. Miré al techo de color blanco que cubría toda la habitación, y mi mente se quedó en blanco. Por primera vez, y sin yo proponérmelo, apareció la figura de Isabella en mi mente. Intenté alejarla de mi mente, pero cuanto más hacía, menos lo conseguía. Alguien llamó a la puerta de la habitación.
- Pasa.
Noté mi voz un poco brusca.
La puerta se abrió, y apareció Isabella. Después de varias semanas, volvía a dignarse a hablarme, aunque creo que desde nuestro último encuentro eso sería lo que pensara ella de mí.
- Shail, ¿por qué ya no me diriges la palabra?
- Señorita Isabella, no quería interrumpir sus conversaciones con Alexander.
- Pero, ¿y cuando no estoy hablando con él? Te he visto varias veces observándome de lejos, y cómo te alejabas después. No me gusta que estés así conmigo, me hace sentir muy mal...
- ¿Por qué? No pretendía hacerla sentir así... Lo he pasado muy mal en las últimas cinco semanas, y no deseo que nadie lo pase tan mal como yo.
Ella pareció sorprendida por lo que le dije. No contesté a su pregunta, simplemente porque no podía. No podía confesarle mis sentimientos hacia ella, no podía confesarle que desde que la vi en la puerta de la casa de Jack me había fascinado con aquellos ojos, no podía hacer nada después del abrazo que vi unas semanas después...
Ella me miró con una expresión que no conseguí descifrar. Se acercó y se sentó a mi lado en la cama. Puso su mano derecha sobre la mía, y una corriente eléctrico cruzó mi brazo. Nos miramos a los ojos, como si no existiera nada entre nosotros. Como una vez me ocurriera con Zaisei, sentí tremendas ganas de besarla, pero me contuve. No quería tener la mala suerte que tuve ese día.
- Isabella...
Ella sólo emitió un gemido por respuesta. Levanté su mano y la besé con dulzura.
- No quiero estar así contigo. Echaba de menos nuestras charlas de simplemente conocidos.
Mi sonrisa hizo que ella sonriera también.
- Siento mucho mi actitud de estas semanas... Habitualmente no soy así, pero ese día no sé qué me pasó que...
Ella puso el dedo índice en mis labios, haciendo que me callara.
- No digas eso. Tendrías tus motivos para estar así. No soy nadie para decirte como estar o no. Apenas ahora nos conocemos...
- Creo que eso tiene arreglo, ¿no? Conozcámonos más. Hace tiempo que no hablo con ninguna chica, y... bueno, en verdad no tengo muchas amigas.
Ella se rió ante mi comentario. Le dirigí una mirada seria para que dejara las risas a un lado. Ella paró de reírse y me miró de nuevo, muy concentrada.
- Lo siento.
- No pasa nada, Isabella. De lo desgraciado que soy, es para reírse...
Se hizo el silencio entre los dos. Me levanté de mi cama y le tendí mi mano.
- Ven, te voy a enseñar una cosa.
Cogió mi mano y me siguió. Salimos de la casa y la guié hasta el bosque, donde tantas veces iba a llorar mis penas y a practicar mi magia. Hacía unos días, en unas de mis desesperaciones, descubrí un paraje hermoso, que quería que ella viera. Era un lugar que tiempo atrás debió haber estado habitado por ninfas o hadas del bosque. Sí, era un poco fantástico, pero se aprende mucho leyendo sobre la Tierra. Había una fuente en el centro y flores muy hermosas. Cogí una arrancándola suavemente y de raíz de la Tierra, y se la di a Isabella. Ella aceptó el durazno que le ofrecí, creo, sin saber de su significado. Con las manos aún entrelazadas, la guié hasta la seca fuente, donde nos sentamos.
- Isabella, hace unos días descubrí este lugar y quise dártelo a conocer por si un día te sientes sola o algo, puedes venir aquí a desahogarte. Pero que sea un secreto entre nosotros, ¿vale?
Ella solo asintió con una sonrisa. Nos pasamos horas hablando, hasta que se hizo de noche y volvimos a la casa.
Continuará...
Comentad qué os parece ;)
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