Shail in love...: Capítulo 1 - literaturajuvenil

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Shail in love...: Capítulo 1

Espero que os guste ^^

 

 

 

Shail in love...

 

 

 

 

Capítulo 1: Te extraño...

En las montañas del norte me encontraba realmente solo. Me gustaba cuando Zaisei me cuidaba en Ciudad Celeste, extrañaba que se preocupara por mí y mi estado de salud... "Definitivamente..." - pensé - "... estoy loco".
- Ya está - dijo Ydeon, sacándome de mis pensamientos - Esperemos que por fin sea tu pierna adecuada.
Su enorme sonrisa me hizo reprimir un: "Oh, no..."
- Eso espero...
Ydeon me puso la pierna de metal, y yo esperé un poco a que mi cuerpo no rechazara aquella cosa extraña.
Me levanté al comprobar que mi cuerpo no reaccionaba negativamente. Posé mis dos pies en el helado suelo de la caverna y pude comprobar como mis pies no vacilaban. Me giré lentamente a Ydeon y exclamé:
- ¡Es maravilloso! ¡Puedo andar!
Me acerqué a Ydeon, y le di un abrazo.
- Ya mismo te tendrás que ir de aquí, ¿verdad?
Noté tristeza en su voz. Por muchas discusiones que hubiéramos tenido por culpa de la pierna de metal, ya lo consideraba un hermano.
- Todavía me quedaré unos días más para acostumbrarme a caminar. la próxima vez que venga Kirtash, me iré con él.
Ydeon asintió, y después se fue a su taller a terminar con una espada que había dejado a medio terminar por hacerme la pierna de metal.
Yo volví a mis pensamientos...

Tener a Zaisei siempre en mi mente no era algo de mi agrado. Odiaba esa sensación de dependencia hacia otra persona, pero no tenía remedio alguno. Cuando los días pasaron, me despedí de Ydeon y salí rumbo a la torre de Kazlum (creo Que se escribía así) con Kirtash.
- ¿Qué tal la pierna?
- Bien, al final Ydeon ha hecho un gran trabajo - dije, sonriente.
- Me alegro.
- Si pasamos por Ciudad Celeste, me quedaré allí durante unos días para visitar a la Venerable Madre...
- Vale, no tienes que darme explicaciones de tus intenciones.
El silencio, después de aquel comentario, se hizo eterno durante todo el recorrido. Al fin, vi a lo lejos la actividad de Ciudad Celeste, y allí me despedí de Kirtash.
Al llegar, vi los adornos caracteríticos de una boda de una de las sacerdotisas. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. "No podia ser..." - pensé.
Llegué pronto a la residencia de la Venerable Madre, y llamé antes de entrar.
- ¿Venerable Madre?
- Pasa, Shail.
Entré con cuidado y también, lo reconozco, con miedo. Temía lo que la superiora de las sacerdotisas me pudiera decir...
- ¿Qué enlace vais a celebrar en estos días?
- Nuestra Zaisei, va a ser dada en matrimonio con uno de los sacerdotes...
¡Zaisei! Esa noticia me dio como un jarro lleno de agua fría. La sacerdotisa se dio cuenta, porque me dijo:
- Shail, lo siento mucho. Pero como ya sabes, no son ellas las que deciden en los enlaces...
- Ya, pero...
De repente, me callé.
- Madre, ¿puedo ir a ver a Zaisei?
- Claro, se encuentra en sus aposentos.
Me dirigí hacia allí con paso firme, y llamé a la puerta. Con su dulce voz, me invitó a entrar.
- Zaisei, ¿por qué me has hecho esto?
Ella, al notar el dolor en mis palabras, me dijo:
- Lo siento, él me recordaba bastante a ti. No podía dejar...
Suspiró de repente, sin terminar con la frase.
- Vaya, eso sí que no me lo esperaba... Tendré que ver cómo es ese sacerdote, ¿no?
- A lo mejor sólo fue fruto de mi imaginación el verte en él... o que tenía tantas ganas de hacerlo, que al primero que me pidió en matrimonio... lo acepté.
Zaisei bajó la cabeza, avergonzada por su comportamiento. Yo la abracé.
- Shail...
- Ssh... No digas nada. No estropeemos este momento...
Nos fuimos separando poco a poco y nuestros rostros estaban muy cercanos el uno del otro. Bajé la cabeza, un poco temeroso de dejarme llevar por algún impulso, y la vi vestida de novia. "Ojalá te casaras conmigo..." - pensé. Volví a mirarla a la cara, y descubrí que su mirada estaba perdida.
- Zaisei, ¿crees que podremos despedirnos en condiciones?
- ¿A qué te refieres?
- Pues, estaba pensando en un primer y último beso, tal vez...
Pero no esperé su respuesta. Como alguna vez me dijeran, los besos no se preguntan, se roban, y así lo hice con mi querida Zaisei. La tomé por la barbilla y poco a poco nos fuimos acercando el uno al otro... Casi estuve a punto de probar sus labios, cuando alguien llamó a la puerta.
- ¡Zaisei! Tu futuro marido te está esperando. Debes ir enseguida.
- ¡Sí, Venerable Madre!
Cuando la oímos alejarse, ella me dijo:
- Será mejor que me vaya. Me está esperando. Hasta siempre, Shail.
Y me besó en la mejilla antes de salir por la puerta. Después de aquella declaración, me dejé caer al suelo y allí lloré, lloré hasta que me quedé sin lágrimas...

Me levanté del suelo y salí de los aposentos de Zaisei. Me había pasado allí, llorando, por lo menos dos horas. Ya tendrían que estar al llegar para pasar su Noche de Bodas. Me fui de Ciudad Celeste, dejando atrás un pasado que para mí era demasiado reciente. Me dirigí hacia la Torre de Kazlum. Iba a comunicar a todo el mundo que me iba a la Tierra, no sin antes pasar por Limbhad.
- ¡Shail! - me gritó Victoria cuando me oyó llegar.
- Victoria, ¿ya estás mejor?
- Sí, ¿y tú qué tal con tu nueva pierna?
- Bien, no noto ni que es de madera.
Los dos nos reímos.
- Vic, ¿puedes llamar a los demás? Tengo que daros una noticia.
- Sí, claro.
Su cara me mostró preocupación, pero yo le mostré una gran sonrisa que parecía que le tranquilizó. Al cabo de unos minutos, estábamos todos en una de las salas principales de la Torre.
- Hola a todos. Siento tener que deciros, que vengo sólo para despedirme de vosotros. Me voy a Limbhad por unos días, y después me iré a la Tierra, a empezar una nueva vida.
- Entonces déjame acompañarte - me dijo Alsan.
No podía decirle que no a un amigo como él.
Los demás se hallaban callados. Incluso Kirtash no me dijo nada. Victoria, sólo se echó a llorar y me abrazó.
- ¿Por qué te vas? - me preguntó, entre sollozos.
- Necesito olvidar - fue mi única respuesta.
Al ver que seguían sin hablar, añadí:
- Tranquilos, que os vendré a visitar de vez en cuando.
- Shail, ¿de verdad estás seguro de lo que vas a hacer?
- Sí, Alsan. Nunca he estado más seguro en mi vida. Y ahora que lo pienso, no deberías venir. Eres el príncipe de tus tierras, y a veces te conviertes en Hombre Lobo. Yo creo que no te conviene para nada venir...
Me miró dándome la razón, sin embargo, no se rindió.
- Yo voy contigo pase lo que pase. Siempre hemos estado juntos, en las buenas y en las malas, ¿por qué iba a dejarte solo esta vez?
Tenía razón. Además, creo que yo solo no podría sobrevivir...
- Está bien. Te puedes venir.
Me despedí de Victoria, Jack y Kirtash, y salí de la Torre con Alsan. Abrí un portal que nos llevaría hasta Limbhad, donde empezaría mi nueva vida...

 

Continuará...

 

 

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